DISCURSO DE AGRADECIMIENTO A LOS DONANTES DE SANGRE

El pasado viernes 14 de junio tuve la suerte de pronunciar el discurso de agradecimiento en el Acto de Homenaje a los Grandes Donantes de Sangre organizado por el Centro de Transfusión, Tejidos y Células de Sevilla. Una oportunidad extraordinaria para, en nombre de miles de personas, darles las gracias por darnos LA VIDA. Lo comparto con vosotros.

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Los pies en el susto

El cáncer me ha recordado estos días que es él quien pone las reglas. El cáncer tiene el tapete verde, las cartas, los dados, las fichas, el cáncer dice lo que vale y lo que no vale, y el cáncer, sobre todo, no permite las trampas. Ninguna condescendencia con quienes involuntariamente nos hemos sentado a echar una partida con la enfermedad.

¿Una obviedad? Seguramente, pero como  llevo mucho tiempo resistiendo y las cosas van bien, había olvidado un poco que el cáncer vino a éste mi cuerpo para hacer de las suyas, es decir, crear tumores malignos. Me había instalado en la inercia del optimismo, en contagiarlo a otros, en un tratamiento casi rutinario, en recuperar la mayor cuota posible de mi vida antes del cáncer, en vivir una nueva normalidad, en saborear todo aquello que ahora veo… Y todo eso está muy bien, creo que es estupendo, pero para que sea realmente bueno y eficaz es necesario tener presente que yo no tengo todo el mando.

Ocurre que hace tres semanas empecé a sufrir unos terribles dolores de cabeza, de media cabeza, como si me fueran a arrancar el ojo izquierdo. Dolores cada vez más frecuentes e intensos. Por una extraña razón que ni yo mismo soy capaz de justificar creí que su origen estaba en una contractura muscular en el cuello, en lugar de pensar que podían tener relación con la metástasis que tengo en el cerebro, en la hipófisis concretamente. No informé a mis oncólogos y en su lugar pasé por la consulta del fisio. No me extiendo en detalles, pero hasta que el fisio, con total acierto, no me dijo que tamaño dolor no podía estar vinculado a la supuesta contractura, hasta que no me dijo que debía ir al médico, no lo hice. Y eso que desde hacía días algunos me lo estaban diciendo. En cuanto informé, cita corriendo para hacerme una Resonancia en la cabeza. ¿Qué estaría ahora haciendo el cáncer en mi cerebro? ¿Una nueva metástasis en otra parte? En menos de 24 horas tenía los primeros resultados y eran, en principio, preocupantes. No había metástasis nuevas (buena cosa) pero el nódulo cancerígeno de la hipófisis había crecido. Si en las dos revisiones anteriores había disminuído, ahora el signo cambiaba. Chungo pa mí. Temor. Elucubraciones. Preocupación. Expectación. Horas que han sido eternas hasta que esta misma mañana, antes de mi sesión de quimio, el oncólogo me explica que lo han analizado con detenimiento y que el ajmento es poco significativo, que no cambiamos el tratamiento y que por ahora unicamente incrementamos la frecuecia de las revisiones. Alivio enorme pero…

Pero me ha dado un toque de atención. Si me duele algo, al oncólogo. Mi médico de cabecera es el oncólogo. Claro que sí, porque aunque es magnífico afrontar el cáncer como yo lo hago, hay que tener los pies en el suelo, ese suelo al que no quiero caer. Porque en un cáncer como el mío vendrán problemas, recaídas, esto es así, el cáncer es así. Y hay que estar preparado, primero para poder actuar a tiempo y segundo para evitar un bajonazo psicológico. El cáncer puede matarme, no es seguro y además tengo opciones, pero mata. El cáncer hace sufrir.

Hago por tanto hoy un ejercicio de humildad. Yo no sé nada. Lo saben los médicos. Yo no puedo interpretar nada, lo hacen ellos. Optimismo sí, buen ánimo, pero sin olvidar cómo es el cáncer.

Una médico me ha dicho hoy, al salir de la consulta: «Valentín, es que vamos a por todas. Vamos a que vivas». He repasado estas dos frases palabra por palabra, de principio a final y de final a principio. Le encuentro varios sentidos, diferentes mensajes, todos contundentes. Trabajan para que yo viva, para que pueda seguir resistiendo y mejorando este «mientras» que es la vida de los pacientes de cáncer. Para que sea un «mientras» largo y feliz.

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Cosas por celebrar

Hoy escribo desde la tristeza, pero con la mirada puesta en la esperanza y en lo mejor de la vida. Hoy el cáncer ha vuelto a enseñarme su peor lado, el de la muerte, y se ha llevado a Paloma Tortajada, una excelente y querida periodista que consagró su vida a la radio. La edad de Paloma, su amor a la radio, los tiempos de su enfermedad y haberla conocido han hecho  que sienta esta muerte como algo muy cercano. La verdad es que me ha afectado mucho, seguramente porque encuentro algunos paralelismos entre los dos. He releído una decena de veces en facebook la felicitación de cumpleaños… «Compi, cuántas cosas vamos a celebrar pronto», me dejó escrito. Y me lo he tomado como un reto. Tengo, tenemos cosas que celebrar aunque ya no sea con Paloma.

Confieso que a veces no quiero ver que el cáncer mata, llevo puestas las ganas de vivir que intento extender con el #yomecuro, mi soporte de resistencia compartido con tantísima gente, y en ocasiones esas ganas dejan velada la tristeza de la muerte, esa tristeza que hoy se ha sentado a mi lado. Apurar la vida hace que me sienta más alejado de su final y hoy, por la cercanía o por lo que sea, tengo delante la fragilidad de mis días desde que tengo cáncer. No sé si la pena que siento es por Paloma o por mí, como una especie de anticipo de lo que tendrá que llegar en algún momento.

Pero no, las cosas, (mis cosas) no funcionan así. El cáncer viene a hacer lo suyo, a multiplicar sus células malignas y mortales, y frente a su frío, nosotros… Médicos, sanitarios, investigadores, familia, novia, amigos, conocidos, cada uno aportando su trabajo o cariño para lograr un resultado en el que las células disminuyen y al paciente mientras tanto le crece el corazón y las ganas de vivir. Esos son los actores de este encuentro. A veces gana el cáncer (cada vez menos) y otras veces ganamos los otros (cada vez más).

Para mi, la clave es lo que ocurre en medio, en ese mientras tanto. Ahí, en el tratamiento te juegas la vida, y fuera del tratamiento te juegas cómo quieres tomarte esa vida que el cáncer te deja, cuántos días (muy difícil de saber) y cómo quieres que sean esos días.

Ya sabéis cómo pienso sobre esto, ya sabéis qué es el #yomecuro. Sigue siendo mi andamio para construir la nueva normalidad con la que debo afrontar mi vida, dure lo que dure. He vuelto a trabajar y las fuerzas no me responden como esperaba, sigo con dolores en los pies, cada 21 días sesión de quimio, diez pastillas diarias y la mano izquierda hinchada como un guante de baseball…. ¿Y qué?

Pues que sigo vivo, que salgo a la calle, que puedo apañarme solo, que quiero a mi novia más y más, que mi familia sigue siendo la referencia inequívoca, mis amigos mi mejor calor y volver con mis compañeros de la radio es un subrayado de felicidad en mayúsculas. ¿Puedo morir? Por supuesto, dentro de un mes me toca revisión y las cosas podrían estropearse pero mientras…  

Mientras, querida Paloma, compi, voy a celebrar esas cosas a las que supongo que te referías porque los que tenemos cáncer nos entendemos bien. Voy a celebrar la vida cada mañana, la vida cada noche, caminar aunque sea más despacio, los bares, la risa, sonrisas como la tuya, a celebrar que la ciencia avanza, la Feria de Abril, mi estreno de nazareno un miércoles santo, los mensajes de apoyo, la gente que me pide consuelo, enviar todas las semanas sobres cargados de pulseras a toda España, hablar frente a un micro, contar los resultados de las elecciones, estar con mi hijos respirando el milagro de la primavera en Sevilla… En tu nombre celebraré la alegría, ese arma que tanto usamos los pacientes de cáncer para entretener a la muerte mientras llega cuando tenga que llegar.

Y algún día, querida Paloma, quién sabe dónde ni cuándo, brindaremos juntos por todo lo que teníamos que celebrar.

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¡¡Vuelvo a la radio!!

Pasado mañana, el jueves 28, vuelvo a trabajar. La sensación que tengo es tan potente y compleja, tan buena, que me cuesta definirla. Es la mejor noticia en torno a mi cáncer desde que me diagnosticaron hace 15 meses. Siento nervios, ilusión y muchísima emoción.  Tengo los pies en el suelo y la sensatez me deja muy presente que sigo siendo un enfermo de cáncer, que cualquier día las cosas se pueden torcer, pero el gustazo que tengo entre mis manos en estos momentos no me lo puede arrebatar nada. Sé que cada mañana tengo que seguir repitiendo en voz alta que #yomecuro, que todavía sigo recorriendo el camino, que cada tres semanas tengo quimio y cada tres meses revisión, que tengo que tomarme un puñado de pastillas a diario. Sé que todo eso me mantiene en un «todavía»  largo y duro.

Pero vuelvo a la radio, vuelvo a trabajar. Dentro de mí suenan melodías alegres escritas en partituras que llevan algunas notas de miedo y prudencia. Es como si tuviera que reír en voz baja y ocultarme un poco porque de mis ojos brotan lágrimas cargadas de felicidad. Quiero caminar dando saltitos y a la vez me pesa esta carga de cansancio y de todo lo que he vivido para no morir. Desordenadas y en colores me vienen a la cabeza muchas imágenes…  El tubo de drenaje clavado en mi costado tras la operación, las máscaras de plástico que me fijaban a la camilla para las sesiones de radioterapia, las consultas en las que me decían que había otra metástasis, o mi cara desteñida de vida en los peores días de quimio. Y luego, todas las  imágenes de un álbum que es para un sueño delicioso, el álbum de vuestras miradas, el sonido de vuestro apoyo jaleándome sin parar y sin dejarme sitio para que me pudiera caer, cientos de brazos levantándome cada día, tantas manos acariciando mis heridas… y claro, las manos más cercanas, las que no se han despegado de mí y van a seguir conmigo.

Todas estas sensaciones me tienen en un estado de inmensa felicidad, con la ventaja de que sé que nada es definitivo. Volver a trabajar 15 meses después es, en mi caso, una cosa extraordinaria. El doctor que me ha valorado en el Tribunal Médico para darme el alta me dijo que lo mío es como para una incapacidad permanente, pero que dado mi estado era adecuado que intentara volver a trabajar. Habrá días en los que no me encontraré bien y me quedaré en casa. Ojalá sean pocos. Otros tendré que ir al tratamiento y por tanto no podré estar en el micrófono. Por eso no puedo hablar de una vuelta a la normalidad porque ya nada será como antes, así que es más correcto pensar en que voy a establecer una nueva normalidad en mi vida. Creo que es lo que debemos hacer los pacientes de cáncer, resistir adaptándonos como mejor podamos. Aprender de lo que nos pasa para que  nuestra vida sea la mejor posible. Yo lo voy a intentar. Y con la suerte de contar con todos vosotros. ¡¡Qué suerte tengo y qué contento estoy!!

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Premios

¡¡Qué cosa tan bonita es recibir un premio!! Y desde que tengo cáncer y lo retransmito  aquí y en las redes sociales con el #yomecuro, me ha llegado un puñadito precioso. Paradojas de la vida, es evidente, aunque yo prefiero decir que es algo que se suma a las cosas buenas que el cáncer me ha traído.

El pasado lunes me dieron el Premio Conecta de Canal Sur Radio, un premio muy especial porque es de mi casa, donde trabajo desde hace 18 años y donde tanto disfruto de mi oficio. Un premio de mis compañeros como reconocimiento al #yomecuro. Anteriormente he recibido el Premio Solidarios de la ONCE, el Premio al mejor Blog de Sevilla que otorga Blogosur, el Premio de la Asociación Lazo Rosa de Sevilla y el Premio de la Comunicación de la Asociación de la Prensa de Sevilla. ¡¡No está nada mal!!

Todos estos premios me han venido por mi forma de contar el cáncer pero cada uno de ellos es especial. Cada uno tiene un matiz para los jurados, y como me han ido llegando en  momentos distintos de la enfermedad los he ido recibiendo de una manera diferente. Los cinco tienen en común que me ha sorprendido recibirlos, que me han hecho inmensamente feliz y que siempre los entiendo como un premio a todos los que tenemos cáncer pero buscamos el lado bueno (o menos malo) de todo lo que la enfermedad nos trae. Me emociono muchísimo cuando subo al escenario para agradecerlo… Aquí dejo el vídeo del premio del lunes como prueba de ello. ¡¡Gracias siempre!!

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Hoy, todavía, siempre.

Mis meses duran 21 días, el tiempo comprendido entre quimio y quimio. Y el año, o una vida, dura 90 días, el tiempo que transcurre entre cada revisión en la que me dicen si el cáncer avanza, retrocede o se ha quedado pasmado ante mis ganas de vivir. En medio de esos hitos tan clavados, pasan los días.

«Hoy es siempre todavía», no se puede mejorar a Machado cuando abro los ojos por las mañanas. Hoy, cada día, es un todavía.

Todavía nadando en un cáncer, todavía vivo. Todavía sin poder vivir, todavía sin morir, todavía caminando mal, todavía con dolor, todavía feliz por ir de un sitio a otro, todavía sintiendo, hablando, escribiendo.

Hoy hago recados y camino alegre, hoy me tomo disciplinado mis medicinas, hoy estoy aquí, hoy estoy vivo, hoy me duele, hoy no tengo dolor y me tomo tres botellines, hoy mi hijo me sujeta para ayudarme a andar, hoy envío sobres con pulseras y esperanza, hoy dejo de pincharme la Heparina, hoy pienso que soy mucho más que un cáncer con un hombre.

Todavía no he vuelto al trabajo en la radio, todavía necesito un micrófono, todavía tengo miedo, todavía estoy fuerte, todavía no pienso en la muerte, todavía me hacen entrevistas, todavía mi  hermana Silvia me manda un mensaje cada mañana, todavía mis amigos gritan #yomecuro, todavía Juanma sigue ingresado, todavía me acuesto después de vestirme, todavía no me acostumbro a sentir cerca la fría hoja de Damocles, todavía me siento bien.

 

Hoy me siento mal, hoy me río, hoy he vuelto a llorar, hoy me han dado un premio que me ha hecho feliz, hoy solo quiero dormir, hoy el pelo ha empezado a caer de nuevo, hoy conozco a 20 mujeres más fuertes y valientes que 2000 hombres, hoy Mª Carmen dice que el cáncer le ha dado la vida y que está buscando su camino, hoy mi madre me llama, hoy Cristina está preocupada, hoy no quiero hablar.

Todavía puedo ocuparme de mis hijos y hacerles reír, todavía creo  que el cáncer me ha hecho mucho bien, todavía escucho la radio, todavía cuento cositas en Twitter, todavía decenas de personas me envían mensajes, todavía no estoy cansado, todavía adoro la vida, la música y pasear al lado del río, todavía me enfado, todavía Cristina me cuida y me da crema en los tobillos, todavía me quiere.

Siempre es hoy porque mañana es como hoy y como ayer. Siempre es por ahora y yo quiero que por ahora dure siempre. Siempre dudando y aprendiendo, siempre me digo que #yomecuro, siempre temo al sufrimiento, siempre vivo, siempre vivo, siempre pensado que quiero ser eterno.

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PREMIO DE LA COMUNICACION DE LA ASOC. DE LA PRENSA DE SEVILLA

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4 de febrero, Día Mundial Contra el Cáncer. #yomecuro

Hoy es el Día Mundial contra el Cáncer, y no es que sea el día de mi santo, pero sí que es una jornada que vivo con intensidad porque es el día de la enfermedad que me llegó hace algo más de un año y que se ha convertido en protagonista de mi vida. Afortunadamente por ahora estoy bien, mejor de lo esperado gracias a la eficacia del tratamiento -muy duro- que he recibido, y afortunadamente también creo que llevo encima mi cáncer de la forma más ligera, positiva y optimista de la que sido capaz. Es el #yomecuro. Por eso hoy me parece adecuado recordar su breve y sencillo mensaje.

#Yomecuro es una actitud, un propósito. No puede ser exactamente una afirmación ya que el cáncer se supera, no se cura. No es una herida que cicatrice, no es un sarampión, no se pasa. Pero eso no quiere decir que te mueras. En absoluto. Hace tiempo que el índice de supervivencia al cáncer es superior al número de fallecimientos, por tanto rompamos con la vieja idea, tenebrosa, terrible, de que CANCER=MUERTE. Ya no.

El cáncer es una enfermedad que no debemos ocultar. Cuántas veces leemos o escuchamos eso de «una larga y penosa enfermedad», o «el bicho» para referirse en conversaciones informales…  Pues se llama cáncer, con todas sus letras, no es vergonzante ni deshonroso padecerlo. Llamarlo por su nombre es el primer paso para hacerle frente.

Tener cáncer es duro, es durísimo. Es muchas cosas, y además distintas para cada uno de los que lo padecemos. Respetando y comprendiendo al máximo la actitud de cada enfermo, #yomecuro invita, en la medida de lo posible, a ser positivo y optimista, a confiar en el tratamiento que nos dan nuestros médicos y en su eficacia. #Yomecuro es intentar que el cáncer no te tumbe en un sillón y te deje pegado a la tele, es intentar seguir haciendo tus cosas con normalidad. #Yomecuro es mantener nuestra sonrisa y la de las personas que nos rodean, especialmente la de quienes nos cuidan. Es ser consciente de que la vida sigue girando a nuestro alrededor y no tiene que detenerse. El cáncer no es un carnet, ni una excusa para ser egoístas.

El cáncer es un tsunami que cambia nuestra vida y la forma de percibirla. #Yomecuro es el propósito de ver las cosas buenas que nos trae el cáncer, porque aunque parezca paradójico, las trae. Recibir el cariño y la ayuda de los demás es un regalo maravilloso, sentimos a los nuestros mucho más cerca y todos coincidimos en que encontramos el verdadero valor de lo que realmente importa y empezamos a «pasar ampliamente» de cosas que antes nos traían de cabeza. Nuestra mirada ha cambiado para siempre.

No hay mucho más, #yomecuro es algo sencillo e incluso puede valer para quienes no tienen cáncer. A mí me funciona, y puedo afirmar que el cáncer me ha hecho mejor persona. Te invito a que lo hagas algo tuyo.

¡¡Gracias!!

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Buenas noches, papá

Puede que sienta más cerca la vida, puede. Puede que sea que la tengo más viva, y que en estos días de frío se haya alejado la muerte a buscar otro calor. Puede ser que me guste tanto vivir, tanto-tanto, que me enoja y entristece que mi cuerpo no me permita saltar de una sonrisa a otra, ni caminar rápido entre decenas de amigos, ni correr detrás de las ilusiones que hace unos meses no quería albergar.

Puede que me den miedo las esperanzas, mirar el  calendario hacia los meses de abajo, la llegada de la primavera y hasta mi Feria de Abril. Puede que mire a mi pelo temiendo que crezca y  que me asuste en ocasiones al escuchar, otra vez tronando, mi propia voz. Puede que me dé pavor no llegar al bautizo de mi ahijado Valentín. Puede que no sea cansancio lo que me acuesta sino recelo a salir a disfrutar del sol. Puede ser.

Puede que cada sesión de quimio sea un clavo al que me agarro, que encuentre confortable el Hospital y que cada pastilla que tomo sea como una dosis de «todo sigue igual». Y es que puede ser, puede, que sentirme mejor me esté llenando de incertidumbres y esté barnizando con laca de miedos todas las ilusiones que el cáncer me quitó hace ya más de un año.

Es miedo a encontrarme bien por si más adelante vuelvo a encontrarme fatal, miedo a creer que me estoy curando, miedo a olvidar que dentro de cuatro semanas un TAC y una Resonancia Magnética serán un tribunal inapelable que dicte cómo están mis metástasis, y si pintan bastos, tendré que volver a parar. Ya no quiero parar pero tengo miedo a todo aquello que me espera si voy a poder seguir.

Qué paradoja… He sido capaz de encajar el peor de los miedos, el miedo a la muerte, y ahora me turba una posible vuelta a mi vida porque no sería capaz de resistir un diagnóstico malo cuando ya me haya instalado de nuevo en la ilusión. Me deslumbra tanto la vida que, convertida ya para mí  en una suerte frágil, tiemblo al ser consciente de que se puede apagar. Porque en este tiempo he visto morir o empeorar a personas como yo, mejores, mucho mejores que yo.

Ese es hoy mi miedo, pero desde hace días mi hija Julia me manda antes de acostarse un mensaje de audio diciendo «buenas noches, papá»  y saca, potente e intacta,  la fuerza que me determinó a acuñar mi lema y ya el de tantos: #yomecuro. Es un resorte que me impulsa,  arrasa con la posibilidad de  instalarme en ese miedo y sin elección me lleva a levantar la vista, a pronunciar de nuevo la palabra «futuro», a querer escuchar esta voz mía por la radio, a ser más valiente y a volver a besar -como ya os dije- el aire que respiramos.

Nada en la vida, y tampoco el cáncer, es blanco o negro, o par o impar. La vida es compleja y claro, el cáncer también. Quizá yo lo tenga más fácil porque yo sé, estoy seguro, que yo me curo.

PD: La ilustración es de @CCornejo21, my girl.
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Las caras del cáncer

El dolor tiene gesto, el miedo tiene manos y a la esperanza le he escuchado la voz. Me gusta cómo camina la ilusión y he visto los ojos de la incertidumbre. Porque yo, al cáncer,  ya le pongo cara. Cuando hablo de la enfermedad, veo caras. Si hablo del día de una revisión, de la salida de una quimio, de cuando el oncólogo tiene algo malo que decirte, o de esperar unos resultados, veo las caras de personas que a lo largo de último año he conocido y como yo, tienen cáncer.

Benito sonreía nervioso, todavía sin pelo, cuando entró a verme mientras yo me daba una quimio de las malas en el Hospital. El médico acababa de decirle que estaba como nuevo. No pudimos darnos un abrazo en nuestro primer encuentro porque yo estaba conectado a la máquina. Su cara, con sus ojos bien abiertos, era la de la prisa por comunicárselo a los suyos, y aún así  el primero en saberlo fui yo. Al día siguiente me escribió diciendo que después de meses con una especie de nebulosa gris, su cabeza estaba limpia y emocionada. Twitter y el #yomecuro han cruzado nuestros caminos.

A Manoli se le ha reproducido el tumor que tiene alojado en el cerebro, me ha escrito pidiendo una ayuda que yo no puedo darle. Su cara es de una mujer asustada porque el ensayo clínico no funciona y ya no la pueden operar.

Marina sonríe, Marina se ríe desde su silla de ruedas, con hidrocefalia y parálisis cerebral.  Su cara es la de la alegría y me remata diciendo que vivir es precioso. Mi cara es de admiración.

José  Manuel no tiene cáncer pero su madre sí. Me habla de ilusión para recorrer el camino que les espera. Su cara es la de la determinación. Como Diego, que hace unas semanas llevó al mar de Almería las cenizas de su padre, como homenaje a quien no perdió la entereza en ningún momento. Gema asegura que nadie es lo suficientemente fuerte como para aguantar esto. Ella lo está aguantando porque aunque ha tenido  mucho miedo, muchísimo,  ya lo ha arrinconado. Su cara es la de la seguridad y la confianza.

Ese miedo está ahora en el rostro de Mónica, quien acaba de recibir la mala noticia de que su cáncer está instalado en el hueso de la frente tras pasar por el pulmón y destruir sus mamas. Está dispuesta a luchar de nuevo pero en su cara hay hastío y pereza al saber la dureza del tratamiento que le espera.

Pepi tiene en la cara el orgullo por su sobrina, dos años con cáncer y demostrando un coraje excepcional. Y Nati con su padre, o Ramiro, que quiere tomarse unas cervezas conmigo para comentar nuestro cáncer de pulmón, y Raquel, está Angel, lo último que supe de él es que estaba en paliativos… Virginia, que ha vuelto a correr pero aún le duele al agacharse con los niños… Y también está, Pepa, Amelia, Ana Belén preocupada por «el amor de su vida», Alberto preocupado por uno de sus huevos, o Paqui preocupada por las reacciones de la gente…

Pilar ha aprendido a llorar sin que la vean, sobre todo su pequeño Julio, su hijo, esperando que lo de la médula salga bien. O Juanma, que es caso aparte (juanmadiaz.es), lleva casi dos meses hospitalizado, grandes dolores, los médicos buscando los caminos y él animando a los suyos y concitando una oleada de apoyos por ser un enfermo ejemplar.

A alguno desgraciadamente le hemos dicho adiós, como Antonio Roales, y quizá alguno más y no nos hemos enterado. Esto es lo que acaba con la épica del cáncer: la derrota, la muerte.

Y por seguir nombrando a algunos… Milena, Manoli, Isabel, Mari Paz, Belén que me da estupendos consejos y ojalá haya podido volver a trabajar, Pedro, Antonio, Elisa, Justi, Lole, José Luis, Juan, Efraín, Chema, Nito, Antonio, Jeanette, Cecilia, Alberto, Mercé, Rosa… Y tanto otros… En Twitter estamos casi 11.000 en torno al #yomecuro. Personas que de una forma u otra tienen o han tenido cerca el cáncer. Por eso ahora, cuando hablo del cáncer, cuando he pedido SALUD al año recién estrenado, ya no pienso tanto en cifras y esas cosas. Hablo y no hace falta que cierre los ojos para que pueda ver  esas caras y esas historias, caras como la mía, historias como la mía, historias de personas que  tenemos la muerte cerca, nosotros, los que queremos VIVIR.

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