Olvido, perdón.

Hoy estoy tremendo, cosas grandes que se juntan en el tiempo, y mi capacidad de digestíon debe ser chiquita. Además estoy cansado, duermo poco porque entro muy temprano a trabajar y podría comer mejor.

Estoy tremendo porque hoy me ha dado por pensar en el perdón y en el olvido. Qué cosas.  Me pregunto a quién le puede interesar lo que yo piense sobre algo tan enorme, y me quedo absorto cuando compruebo que cada día hay más personas que se asoman a esta ventana a mirar lo que se cuece dentro de mi… Más de un centenar de visitas diarias a este blog que no tiene ningún sentido para nadie que no sea yo (y mi madre, claro).

Perdón, olvido… no los encuentro donde de verdad hacen falta para que la vida siga. Están, ya lo creo, en las cosas pequeñas, en las que para pasar página no hace falta mover la mano, de eso ya se ocupa el tiempo. Pero en las grandes, ahí ni perdón ni olvido. Cuanto más fue, menos habrá. Sale el dolor, la rabia, el orgullo, la humillación, el desamparo, las lágrimas derramadas y las tragadas, salen colores que antes no existían, la voz en alto, la mirada esquiva, las tripas, la memoria oscura pero aún viva y todo se mezcla en un  huracán de reproches.

No hay ni olvido ni perdón. Sólo hay cambios de camino.

Acerca de JuanBlan.co

Periodista en barbecho especializado en estudios europeos. Provinciano. Escéptico. Autocrítico. Más en http://JuanBlan.co.
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  • Gorgue de Pepita

    A mi sí me interesan tus pensamientos amigo mío.

    Te veo negativo!! El perdón y el olvido están en nosotros, cuando se consigue mejora nuestra calidad de vida. Y creo que sí es posible.

    Un abrazo.

  • marta

    Olvida el que puede y no el que quiere
    perdona quien quiere aún sin olvido
    y sólo el que perdona y olvida
    ha cambiado de camino.

    un saludo

  • Allas

    Te entiendo, vaya si te entiendo. Pero no creo que debas chapotear en la pena, ni en el olvido ni en custiones así. He dicho muchas veces, y creo que te lo he dicho a tí, que las opiniones (Harry O’Callahan dixit) y los consejos son “como el culo”, que todo el mundo tiene. Asi que eres muy libre, que digo libre, libérrimo de mandarme al carajo, pero aún así no te dejes arrastrar por tí mismo. Toma un papel y un lápiz, y anota el número ingente de personas que te queremos, te admiramos, te respaldamos y te seguimos… Sí, ya sé, que la cama parece ancha a veces, que el silencio pesa por la noche, que cuando escuchas cómo se cierra la puerta a tu espalda te da algo de vértigo y zumban los oidos… pero tu vales mucho más que la anchura, el silencio y el vértigo. Un abrazo. Que te quiero mucho, aunque no nos frecuentemos.

  • Beppo

    Olvido y Perdón nunca se llegaron a conocer. Fue Tristeza el que quiso juntarles. Realmente apenas conocía a Perdón, y de Olvido se enamoró platónicamente en un spot publicitario mientras navegaba sin rumbo en el sofá, agarrado al salvavidas del mando de la televisión. Tanto le impresionó que tuvo que conseguir su móvil, por si un día decidía llamarla.

    Por lo que muy a su pesar e impulsado por el cálido recuerdo de su encuentro pasado con Perdón, un día, mientras charlaba con su amiga Melancolía pensó que Olvido y Perdón harían la pareja perfecta. ¡Tenían que conocerse! A Perdón no le vendrían mal unas dosis de la personalidad atractiva de Olvido, y a su vez, Perdón haría más llevadera la carga de Olvido convirtiéndola en alguien más amable.

    Haciendo de tripas corazón, llamó a Perdón, le vendió la idea, y este que estaba de horas bajas por falta de trabajo accedió gustosamente. No se atrevió a hacer lo mismo con Olvido, puesto que no la conocía y además corría peligro de que algo cambiara al hablar con ella, y Tristeza lo último que quería era dejar de ser él mismo. Le fascinaba, pero de lejos, por lo que se conformó con mandar un mensaje.

    Fueron muchos los días sin trabajo en los que esperó Perdón, sentado en el mismo sitio a la misma hora día tras día. Acabó por entablar amistad profunda con una mendiga que se hacía llamar Esperanza que en su locura afirmaba que Olvido no existía y que era fruto de una mala interpretación que hicieron los medios de un artículo del polémico escritor Deseo.

    Fue así como Perdón no llegó a conocer a Olvido, y fue así como redescubrieron su trabajo, convirtiéndose en uno de los primeros pasos que se daban cuando llegado un cruce de caminos había que empezar a andar. Se levanta del banco donde está sentado, acoge al cansado caminante que pide su ayuda y le acompaña mientras se escuchan de fondo las palabras de su inseparable Esperanza.

    Beppo

  • ¿y olerá a azufre cuando te vayas?

    He llegado aquí por semicasualidad. No creo en la casualidad en estado puro. He leído algunas pinceladas, no muchas. Pero cuando alguien habla o escribe desde dentro, a pecho descubierto, llega; llega tanto y tan adentro como las miradas que lo dicen todo sin que se diga nada. Eso me sirve para contestar a qué hace aquí tanta gente todos los días.

    Perdón y olvido, palabras grandes. Las dos existen y son reales, juntas y por separado. Juntas, y en ese orden, aún más grandes si se logran… Y todos estamos en ese barco, con más o con menos éxito y, a veces, practicando más lo segundo que lo primero.

    Un saludo cordial, desde dentro.