Felicidades

La conocí una tarde de verano, muy lejos de aquí.  Estaba muy muy nervioso, y en aquel jardín salvaje y destartalado correteaban decenas de niños.  Delante había un edificio de madera al que debieron pintar de blanco varias décadas a trás. Estaba tan cansado como nervioso, y mi mirada se disparaba saltando de un niño a otro, buscando unos ojos, cúales entre tantos pares de ojos, esas caritas que se apoyaban en las vallas de media altura que se caían a pedazos. Y todas esas caritas exhibían su mejor sonrisa, muchas eran sonrisas sin todos sus dientes, entre churretes enquistados en la piel, ¿cuandó les habrían lavado por última vez? Me miraban , movían las manos para saludar, y yo escudriñana uno a uno con la ventaja de tener una buena pista: era una niña.

El tiempo se iba alargando y una de las mujeres vestidas de uniforme blanco me hizo saber que ella no estaba en ese momento en el jardín donde yo buscaba esa pequeña que no conocía. Saldría del edificio de madera donde no tenía permitida la entrada. Mientras, el corazón y la curiosisdad multiplicaban su ritmo. Me llamó mucho la atención que  habían aprovechado el sol de la tarde para extender las mantitas de los niños sobre la hierba para que se secaran de los pises de la noche. Era tapizar la hierba verde con mantitas que ya apenas tenían color. Y esperaba, a paseítos cortos…

Me dí la vuelta sin que me llamaran. Una de esas mujeres de uniforme blanco traía de su mano a una niña pequeñita, que caminaba despacio y regular. El pelo era cobrizo, mal cortado, la piel muy blanca y con algunas marcas de picaduras.  Venía sonriendo, y todavia hoy, pasados casi siete años, todavía no sé diseccionar la cantidad de cosas que sentí y las miles de emociones que me llegaron al pecho. Cuando estuvo frente a mí, me agaché para recibirla, las manos abiertas, con una sonrisa expectante, y entonces me dí cuenta. Tenía los ojos azules, muy claros, y una mirada alegre, feliz y profunda.  Tenía tres años. Desde entonces esos ojos son mi pasión, mi reto, mi misterio, mi motor, mi vida, mi pregunta sin respuesta, mi esperanza y mi temor, mi refugio, mi regalo, mi razón para haber aprendido qué es amar por encima de todas las cosas, mi palanca para sacar de dentro de mí tantas cosas que ni podía imaginar que tuviera, mi motivo para buscar una felicidad que pueda compartir con esos otros  ojos morenos a los que también deseo mirar el resto de mi vida.

Esos ojos azules, que  quiero que sean la última mirada que vea el día que yo cierre los míos para siempre, son los ojos de mi hija Julia, que hoy ha cumplido nueve años. Ojalá un día seas capaz de leer y entender estas líneas, pero si no es así, te lo contaré yo, porque de todas las historias que cuento cada día, no hay ninguna tan bonita como la tuya. Felicidades mi niña.

Acerca de JuanBlan.co

Periodista en barbecho especializado en estudios europeos. Provinciano. Escéptico. Autocrítico. Más en http://JuanBlan.co.
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  • Allas

    Felicidades a ambos. Felicitémonos contigo.

  • Como dice Allas, no sé bien si felicitar más a Julia o a ti por tenerla. Por ello, felicitémonos todos por teneros.

  • 1984

    FELICIDADES

  • Bluemoon

    ¡¡¡Muchas felicidades a una de las joyas de la casa!!! Una magnífica géminis, seguro. Precioso.

  • Paula

    Felicidades Julia. Tu papá te ha regalado por tu cumple algo muy bonito que algún día entenderás……..

  • Mar Urbano

    A grandes padres, grandes hijos. Estoy segura que en este caso será así. Felicidades Julia, por tu cumpleaños y por el regalo. Felicidades Valentín, por conseguirlo, tú sabes que lo eres.

  • Allas

    Y tú, Chicho, cuídate la ‘garraspera’ -que dicen en mi pueblo- que a Julia le tienes que durar. Y llevas un par de días jodidillo.

  • valle

    Realmente maravilloso.
    No se como explicar lo que sentí al leer estas lineas.
    Es y será el mejor regalo que Julia pueda recibir.
    Un privilegio, que pasados unos años pueda leer estas lineas que su padre le regaló por su noveno cumpleaños.