Manos

Como aquel día de Navidad, hace algunos años, así dejó sus manos desde entonces, intentando coger todo lo que llegara. Demasiado para esas manos rudas, torponas, de pulso desbaratado. De entre los dedos se le fueron resbalando trozos de vida hasta que esas sus manos quedaron para ser puños apretados, convulsos, que en la mejor de las suertes apretaban otra mano suave con tal fuerza que hacía daño mientras se encogía en un sofá.

El último día de Navidad sus  manos estaban dentro de los bolsillos de una gabardina empapada en la puerta de un bar cerrado. Llovía y llovía mientras esperaba, iluso, que otra mano le secara la cara mojada depués de besarle. Pasada una hora, se marchó a casa y desde entonces deambula por la ciudad buscando donde encontrar un sitio para descansar y recibir calor.

Ha pasado el tiempo, sus manos ya no tiemblan. Abren paso entre la gente para que pase, tocan, sienten, y cerca están de señalar por dónde hay que ir. Las mira y ya no están vacías aunque siempre ve que falta el regalo de aquella Navidad. Con ellas se ha ido tapando las heridas hasta dejar de sangrar, apretando fuerte allí donde dolía, allí donde han quedado cicatrices que todavía siente. Incluso ha vuelto a tenderlas, pero no se las han cogido. Camina solo y ya no se agarra al teléfono móvil como a un clavo ardiendo. Ya no suena, no hay cuidado. Tampoco sirven para acariciar aquellos dedos largos, suaves y finos. Son manos gastadas, ahora malgastadas en otras pieles que las dejan frías.

Desde el día de la lluvía, y desde antes, las manos han cogido decenas de vasos, cientos de cigarros, han tecleado letras y letras y se han dejado engañar alguna noche  creyendo que  al vuelo podrían atrapar de nuevo todo aquello que dejaron caer.

Hoy, de vuelta  a casa, las ha mirado. Es verdad que ya no tiemblan. Y ya no están vacías, una está llena de ausencia y la otra se ha cogido al asa de futuro. Vuelven tener fuerza y contagian firmeza, han señalado el camino, para allá van.

Y ahora han dicho adiós. Un día de estos tocarán las palmas a compás de la vida.

PD: “Y yo que soy de los malos

         prometo volverme bueno

        prometo volverme bueno,

        pero tú tienes el sueño”  de  El Bicho.

Acerca de Valentín García

Mi nombre es Valentín García Sandoval, "Chicho". Soy periodista, dedicado a la radio, en la que llevo desde 1992, primero en RADIO SEVILLA de la CADENA SER y ahora en CANAL SUR RADIO. Nací en Madrid, pero desde los 24 años vivo en Sevilla. Soy un loco de la radio, disfruto mucho delante de un micrófono y me encanta comunicar: esa es mi obsesión. También me dedico a la presentación de eventos. Y vivo en Triana.
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