Manos

Como aquel día de Navidad, hace algunos años, así dejó sus manos desde entonces, intentando coger todo lo que llegara. Demasiado para esas manos rudas, torponas, de pulso desbaratado. De entre los dedos se le fueron resbalando trozos de vida hasta que esas sus manos quedaron para ser puños apretados, convulsos, que en la mejor de las suertes apretaban otra mano suave con tal fuerza que hacía daño mientras se encogía en un sofá.

El último día de Navidad sus  manos estaban dentro de los bolsillos de una gabardina empapada en la puerta de un bar cerrado. Llovía y llovía mientras esperaba, iluso, que otra mano le secara la cara mojada depués de besarle. Pasada una hora, se marchó a casa y desde entonces deambula por la ciudad buscando donde encontrar un sitio para descansar y recibir calor.

Ha pasado el tiempo, sus manos ya no tiemblan. Abren paso entre la gente para que pase, tocan, sienten, y cerca están de señalar por dónde hay que ir. Las mira y ya no están vacías aunque siempre ve que falta el regalo de aquella Navidad. Con ellas se ha ido tapando las heridas hasta dejar de sangrar, apretando fuerte allí donde dolía, allí donde han quedado cicatrices que todavía siente. Incluso ha vuelto a tenderlas, pero no se las han cogido. Camina solo y ya no se agarra al teléfono móvil como a un clavo ardiendo. Ya no suena, no hay cuidado. Tampoco sirven para acariciar aquellos dedos largos, suaves y finos. Son manos gastadas, ahora malgastadas en otras pieles que las dejan frías.

Desde el día de la lluvía, y desde antes, las manos han cogido decenas de vasos, cientos de cigarros, han tecleado letras y letras y se han dejado engañar alguna noche  creyendo que  al vuelo podrían atrapar de nuevo todo aquello que dejaron caer.

Hoy, de vuelta  a casa, las ha mirado. Es verdad que ya no tiemblan. Y ya no están vacías, una está llena de ausencia y la otra se ha cogido al asa de futuro. Vuelven tener fuerza y contagian firmeza, han señalado el camino, para allá van.

Y ahora han dicho adiós. Un día de estos tocarán las palmas a compás de la vida.

PD: “Y yo que soy de los malos

         prometo volverme bueno

        prometo volverme bueno,

        pero tú tienes el sueño”  de  El Bicho.

Acerca de JuanBlan.co

Periodista en barbecho especializado en estudios europeos. Provinciano. Escéptico. Autocrítico. Más en http://JuanBlan.co.
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  • Pepa

    Todo hay que vivirlo con intensidad. Incluso la tristeza. Sobre todo ella. La solución no es huir , ni dejar de pensar en ella. Tienes que vivirla, hasta el fondo, para un día darte cuenta que estás vivo y resurgir con más fuerza.
    Así es la vida, te hundes o.. te hunden. Te sientes el más desgraciado del mundo, hasta que un día , te das cuenta que tienes que coger las riendas de tu vida.
    Entonces te ordenas y empiezas de nuevo a vivir.
    Y te sientes el verdadero dueño de tu mundo.
    Y descubres, que no hay que preocuparse por medios días, habiendo días enteros.
    Un beso

  • jorge

    hola que tal

  • toc toc

    Hoy estoy meláncolica. Tanto que no tengo ganas de hablar. No cogeré el teléfono ni buscaré ningún plan. Me cuesta moverme, porque la tristeza me inunda, me inunda por dentro y me cuestan las cosas de fuera…Hoy la falda no corre por la escalera… ni una idea sucede a otra…hoy solo se sienten las penas transformadas en dolores, las decepciones, las miradas torcidas, las palabras rotas, los labios mordidos, las sonrisas calladas, las cejas levantadas, las ilusiones vanas, lo que me dijeron, lo que me callé, lo que dije y lo que no oí… hoy me duele el ayer y las cosas de mañana…

    Y me duele tanto…que siento que me fragmento por dentro…y aunque dejo escapar toda esta tristeza por mi garganta, mi ojos, mi naríz, mi mirada… nada de eso me calma… me retuerzo en un tránsito que me parece infinito e interminable…aunque sepa que todo, hasta la tristeza tiene un final…Hoy me duele, me duele mucho…y no quiero compasiones, ni que me digan que no es nada y que ya se me pasará… sólo me apetecía llegar a este espacio en negro y llamar a esta puerta… si puedo pasar y sentarme en ese sofá que entiende del ser y estar de todas estas emociones que también existen, donde no voy a necesitar explicar nada más…porque esta noche no tengo ganas de hablar.. y donde no se me va pedir que deje de llorar y ni que sonría… Eso será mañana cuando me ponga el disfraz…

    toc… toc… ¿se puede esta noche?