Al mar. III

Es temprano en el mar, y yo apenas he dormido tres horas. Me he levantado cansado,  ahora me echaré en el sofá, pero antes aprovecho el desorden que todavía pulula por la cabeza para juntar letras intentando no quedarme  dormido sobre la mesa. Arranca el día, promete presentarse caluroso y lleno de viajeros por un día que huyen de la flama del interior.

Vengo a decirte, mar de Cádiz, que eres inmenso, viejo y eterno. Juegas con los colores y los dolores  como un pintor y ofreces cada día un atardecer enmudecedor. Años llevo viniendo a verte, y en éste sabes que me he entregado por completo a tí. Me has contagiado tu ritmo y me siento tan pequeño al mirarte que me haces sentirme  gigante otra vez.  Ayer, la hja de un amiga mía lloraba de pura pena al decirte adiós, se va a otro país muy lejano donde hay otro mar con otro nombre. Intentamos consolarla recordándole esas otras playas pero sus ojitos chicos no dejaban de llorar escondiendo su cara tras los mechones rubios. No había consuelo, ni siquiera nosotros creíamos lo que le estábamos diciendo, era mentira. Como tú ninguno, con tu cosas, hasta con tu levante angustioso.

Eres bueno, mar de Cádiz, y  así te siento… no haces milagros, no hay reproches, pero ¿para qué me has traído un día como el de ayer?

Acerca de JuanBlan.co

Periodista en barbecho especializado en estudios europeos. Provinciano. Escéptico. Autocrítico. Más en http://JuanBlan.co.
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