19 de marzo

A esta hora estaría en bata, con las pantorrillas al aire, despeinado, preparando el desayuno a alguno de sus nietos que mis hermanos habrían dejado a dormir en su casa. Desayuno personalizado, por supuesto, con lo que más le gusta a cada uno. Todo perfectamente ordenado. Habría lavado cada taza, cada plato, cada cucharilla, y mi madre ya le habría dicho por lo menos tres veces: “Jose, no te líes a fregar, que tengo que poner un lavavajillas”. Se hacía el sordo, o en realidad no la escuchaba porque a esa hora aún no se había puesto el audífono. El caso es que su rutina de desayuno no se alteraría bajo ningún concepto. Sobre la mesa, el ABC, un primer vistazo, empezando por las esquelas; el repaso minucioso del periódico le iría ocupando más tarde el resto de día.

Entre tazas, nietos, periódico y algún cigarro preguntaba a mi madre si sabía lo que iban a hacer cada uno de sus hijos ese sábado. Ni idea todavía, claro, pero a él le gustaba saber cuántos comerían en casa. Podían ser tres o veinte, imposible tener la certeza hasta las dos de la tarde por lo menos. Bueno, siendo un 19 de marzo, lo más probable es que hubiera lleno total. Cuando comenzaran las primeras llamadas, esperaría a que lo cogiera mi madre para después meterse en medio de la conversación, con el teléfono en el modo altavoz, hablando tan alto que se le escuchaba en toda la casa.

Después, cuando le diera la gana, haría su cama y la de mi madre e  “ingresaría” en el cuarto de baño durante casi una hora. Lo primero, encender la radio, a todo volumen. Era un oyente cualificado, de los de fiar. Por él me dedico a mi oficio, él me enseñó desde muy pequeño y a lo largo de los años el valor de la información y de la comunicación. Cuando me preparaba por  la mañana para ir al colegio todavía no se emitían noticias tan temprano, eran los primeros años 70. Escuchábamos en la SER “La saga de los Porretas”, y la conexión con el parte de RNE. No soy muy mayor, pero ese es uno de mis primeros recuerdos, y es imborrable. Luego, a lo largo de los años, deambulaba por el dial buscando lo mejor. Acabó harto de publicidad y se instaló en RADIO 5 TODO NOTICIAS DE RNE. 

Bueno, que me despisto. El caso es que con la radio a toda voz procedería al rito diario del afeitado, ducha, etc. Se tomaba todo el tiempo del mundo, pero mi madre decía que le dejáramos tranquilo, que suficiente había corrido mientras trabajaba y que ahora le tocaba recuperar ese tiempo. Pues claro que sí, no faltaba más. Tras ponerse los tirantes y la corbata y hacerse una raya perfecta en su pelo entrecano salía del baño hecho un duque. Menudo aspecto tenía mi padre.

Así habría comenzado esta mañana de 19 de marzo. Hace casi cuatro meses que murió. Le echo de menos todos los días, pero hoy me hubiera gustado especialmente observar su rutina generosa y comentar juntos lo de Libia y Japón.

Acerca de Valentín García

Mi nombre es Valentín García Sandoval, "Chicho". Soy periodista, dedicado a la radio, en la que llevo desde 1992, primero en RADIO SEVILLA de la CADENA SER y ahora en CANAL SUR RADIO. Nací en Madrid, pero desde los 24 años vivo en Sevilla. Soy un loco de la radio, disfruto mucho delante de un micrófono y me encanta comunicar: esa es mi obsesión. También me dedico a la presentación de eventos. Y vivo en Triana.
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