No eres un Príncipe Azul

Para empezar, es que no hay cuento. No tienes que salvar a nadie, ella no está en peligro ni hay reino, ni dragones, ni malvados. El “erase una vez” es en realidad “un día la  viste y flipaste en colores”,  o “fueron pasando los días y con ella veías unos colores que te fliparon”.

No hay espada, ni caballo, ni armadura. Tienes un boli, quizá una moto y cuando te dan un golpe te duele y te sale un cardenal.  No has venido a hacerla feliz, no. No has venido a nada, la vida te coge aquí y ya veremos si te quedas. Si es feliz, será porque ella sola sabe serlo, porque procura hacerte feliz y porque tú haces lo mismo. Las tres cosas a la vez.

Tú no tienes en un cofre la llave de su felicidad. Tienes tus cosas, variada gama de virtudes y defectos que combinas como puedes, muchas veces francamente bien. Sin embargo, ella cree que tú tienes que hacerla feliz, cree que cuando te mira tiene que morir de emoción y si no, si no… Pues no.

Tienes jefe, diás malos, tienes un pasado, manías y miedos. Fuiste niño y temes hacerte viejo. En tu vida hay personas incómodas, hay pesados, amigos, familia, algunos son un horror. A veces metes la pata, a veces lo haces muchas veces, cometiste errores gordos y posiblemente te queden unos cuantos por delante. Cuando te sientes mal necesitas a alguien a tu lado que te diga que las cosas van a arreglarse. No eres alto y guapo, la ropa te la trae floja y si supieras algo de decoración de interiores tendrías un alma de Loewe. No, no eres un Principe Azul.

Y qué.  También tienes días buenos, muchos, y diás normales, la mayoría, en los que has trabajado como un campeón porque aunque no seas el mejor eres muy bueno en lo tuyo. Días en los que  has sido como más te gusta ser. Tienes ilusiones, pequeñas, medianas, y algunas muy grandes que te levantan cada mañana. Hay a tu alrededor mucha gente que te quiere, algunos incluso te admiran, pero lo que te importa es que hay personas que disfrutan a tu lado. Y das tu vida cada día por dos personajillos que sacan lo mejor de tí.  Has vivido ya parte de tu vida y asumes que lo hecho, hecho está, das la cara, le echas huevos y te quedas con lo bueno, que es mucho, por cierto. Sabes dar y pedir, y sabes dar las gracias. Te gusta quedarte dormido en el sofá, comprar cava del bueno de vez en cuando, disfrutas con el buen humor y de muchas gilipolleces, eres capaz de sacar risas y sonrisas, y de hablar en serio. Incluso te gusta leer, fijate…  Te gusta dormir sintiendo sus pies y contando sus respiraciones, adoras la complicidad y la ternura, no te importa ver en la tele lo que no te gusta,  has aprendido a escuchar  y vas aprendiendo que todo es importante. Recuerdas sitios y palabras, te encanta el sexo y en ocasiones le darías besos solo porque sí.

Pero no eres un Príncipe Azul ni quieres serlo. Con tus cosas no te dan la escala para subir a la torre más alta donde está encerrada. Tú eres más de ascensor y llamar al timbre, dar un beso, sentarte, charlar, contarte. De salir a dar una vuelta, hacer regalillos, desayunar. De repetir una canción que te gusta y hablar con pasión de lo que te interesa. De preguntarle si esos colores combinan, de disfrutar mimándola, de discutir por ver quién quiere más al otro, de un mensaje que diga “qué tal vas”, de soñar con el futuro y lo que podría traer, de sentirte grande en medio de una pequeñez, de hacer alguna locura juntos, de exprimir el sosiego de una apuesta firme. Atrás dejaste los trucos y vas a pecho descubierto. Demasiado descubierto quizá, una armadura de los chinos y un poco de picardía te habría venido bien. Aunque para tí es una Princesa, tú no pretendes ser un Príncipe Azul ni el rey del Mambo. Lo tuyo es más sencillo, querer y que te quieran, y ver el Castillo desde lejos, dando un paseo y tomando una cerveza. Sin espada, caballo ni armadura ya sabes lo que te espera… Poco aprecio, algún desprecio, comerte la cabeza y olvidos express mientras miras a una atalaya que no existe, donde se encuentra, siempre esquiva, esa a quien tú, y solo tú, ha hecho Princesa.

Eres un tipo normal, no un Principe Azul. Así que ya sabes, olvida el caballo y arranca la Vespa, chaval.

Acerca de Valentín García

Mi nombre es Valentín García Sandoval, "Chicho". Soy periodista, dedicado a la radio, en la que llevo desde 1992, primero en RADIO SEVILLA de la CADENA SER y ahora en CANAL SUR RADIO. Nací en Madrid, pero desde los 24 años vivo en Sevilla. Soy un loco de la radio, disfruto mucho delante de un micrófono y me encanta comunicar: esa es mi obsesión. También me dedico a la presentación de eventos. Y vivo en Triana.
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