La casa del Periodismo

“Pero hablemos de periodistas, incluido uno mismo. ¿Que qué hicimos para cambiar el estado de cosas? Absolutamente nada. Más aún, en medio de una reconversión salvaje que deja pequeña la del sector de la construcción, con cierres casi diarios de medios de comunicación y miles de despidos, los profesionales no hemos sido capaces ni de convocar una simple protesta general, de esas que en Italia, por ejemplo, están a la orden del día. A lo más que hemos llegado es a expresar nuestras más sentidas condolencias a los afectados por Twitter, y de paso ganar seguidores en la red por nuestro buen corazón”
Así escribe un artículo en El Público a propósito del cierre de Canal 9 Juan Carlos Escudier, y me ha hecho pensar. Llevo toda la semana asistiendo a ese cierre y, simultánemanete, contando (en la radio, en facebook y en twitter) cómo puede echar el cerrojazo definitivo un periódico muy querido, EL CORREO DE ANDALUCIA, donde tengo a buenos amigos y compañeros excelentes, es decir, que trabajan con excelencia. O sea, que llevo una semana con un ojo en Valencia, y el otro y el corazón en Sevilla; mirando lo que ha ocurrido en un medio público como el que yo trabajo y tocando con mis manos la tragedia de otro medio al que quiero y admiro.
Mi conclusión es que hemos dejado el Periodismo en el que creíamos. Todos. Los dueños (públicos o privados) y los periodistas. Nuestra casa es el Periodismo, no la empresa en la que nos ganamos el pan, y eso nos ha hecho a todos peores, bastante peores. Los dueños quieren ganar dinero o ganar elecciones por el camino más corto, el de las trampas, en lugar de apostar por un Periodismo veraz y de calidad que sería rentable a largo plazo para los empresarios privados y que habría de ser el mandato del servicio público en los medios que pertenecen los gobiernos. En medio, hemos tomado a los ciudadanos por tontos, hasta que ellos nos han dado la espalda precisamente por eso. Y es que mientras nos iban pervirtiendo por un contrato, una antigua seguridad laboral, una repercusión de los 20 duros o un abrazo de concejal, consejero o ministro, nos hemos alejado del sentido de nuestro oficio hasta dejar la casa, el Periodismo, vacío.
Siempre he entendido que mi oficio era un mandato, el que los ciudadanos depositaban en nosotros para contarles las cosas. Pero nos han mandado más otras cosas. A dueños y empleados. Y por eso no nos respeta nadie, porque nos perdimos el respeto a nosotros mismos y sobre todo, perdimos el respeto al Periodismo. Unos y otros hemos contribuído a que la Información haya dejado de ser un producto de calidad, un producto por tanto mucha veces caro pero valorado por la ciudadanía que dejaba sus ojos en los nuestros. Hay honrosísimas excepciones, pero son eso, excepciones: buenos periodistas en malos medios y viceversa.
El Periodismo que me llevó a la Facultad apenas existe. En su lugar hay otra cosa que se ejerce desde trincheras mal entendidas, “periodismo de mosquetón” sobre el que ya alertaba Francisco Umbral.
Hoy he visto lágrimas en los ojos de dos periodistas como la copa de un pino. Su vida, su oficio, se quiebra entre la impotencia y la rabia. Yo he contado de la mejor forma que sé la tropelía que les están haciendo, pero me siento fatal, siento que soy, que somos todos responsables de todos los cierres de tantos medios durante estos últimos años. Los ojos que lloraban eran los de muchos otros antes y seguramente los de muchos otros después, quizá los míos si me llega un ERE.
Solo hay algo que me trae cierta esperanza. En torno a los compañeros de EL CORREO DE ANDALUCIA se está produciendo un movimiento de solidaridad, de corporativismo bien entendido, que no había visto antes. Algo así como “el espítitu de EL CORREO”. Ojalá sea un síntoma, una señal que nos indique a todos el camino a casa, al Periodismo.

Acerca de JuanBlan.co

Periodista en barbecho especializado en estudios europeos. Provinciano. Escéptico. Autocrítico. Más en http://JuanBlan.co.
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