(II) IMAGINADA RESPUESTA DE LA NUEVA NOVIA

Querida Tina, pues sí que he sentido cierta vergüenza al leer esta carta abierta, tan abierta que la publicas en un periódico, donde dices que no me vas a enseñar a tratar a tu ex ni me vas a dar normas para tratar a tus hijos, donde me das la bienvenida a esa familia moderna. Ya.
Pues mira, querida Tina, he releído tu carta varias veces, escrita en un tono de buen rollo que no es extraño que se haya extendido tanto en las redes sociales, y no me ha gustado un pelo.
Para empezar, porque tú y yo no somos de la misma familia. No compartimos un hombre, mi novio ya no es tu marido y seguramente no sea el mismo hombre que era cuando estaba a tu lado. No compartimos a tus hijos. Tus hijos son tuyos y de su padre, no son mis hijos (de hecho espero tener hijos propios con tu ex.) A tus hijos les querré, les apoyaré, pero no esperes que haga lo que tú, y solo tú, puedes hacer.
Me pides que sea yo misma, sin sentirme amenazada o intimidada por nosotros. “Nosotros” ¿Quiénes son “nosotros”? ¿Acaso yo soy “la otra”? Para ello tendré que ser lo suficientemente buena, que, evidentemente, es un listón que pones tú. Y no, querida Tina, tú pones los listones en tu casa y en tu vida y yo los pongo en la mía. ¿Debo hacer algo si tus hijos y tu no me parecéis lo suficientemente buenos? Y esperas de mi fallos y rarezas porque tú debes ser perfecta y normal.
Tu carta suena a que me das permiso, me perdonas la vida y quieres que no haya ningún problema. Querida, eso es difícil. Tu ex me ha contado sus razones para terminar vuestra relación, y aunque no las doy por totalmente ciertas y objetivas, son las que tengo que manejar; muchas de ellas no me invitan precisamente a irme de compras contigo.
Probablemente tendremos que vernos con regularidad. O no. Das por supuesto que me sentiré rara al principio, y me pregunto porqué la rara no vas a ser tú. Seguramente no te guste cómo va vestido mi novio y mí no me guste cómo vistes a tus hijos, y comprobaremos que nuestras neveras no se parecen en nada. Pasaremos de puntillas por esas conversaciones y descuida, no me meteré cuando habléis de los niños. De hecho me fastidia que en esta carta tuya confíes en que lo haré si es “apropiado”. Doy por hecho que sólo hablaréis de los hijos, porque lo demás, su ocio, su trabajo, sus alegrías y tristezas ya no las comparte contigo sino conmigo. Yo soy el presente, tú eres el pasado, que es muy importante y respetaré hasta el infinito, pero ese pasado ya no hace vida.
En definitiva, querida Tina, que soy yo quien te da la bienvenida.

Acerca de JuanBlan.co

Periodista en barbecho especializado en estudios europeos. Provinciano. Escéptico. Autocrítico. Más en http://JuanBlan.co.
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