La mala cara, la cara mala.

Desde hace más de un mes vivo recorriendo la distancia que hay entre lo que quiero hacer  y lo que puedo hacer. Esa distancia es cada vez más larga y el recorrido de un punto a otro cada vez me deja más cansado. No estoy en un buen momento, no es bueno este largo momento. Pero es pura verdad este jodido momento.

Son cosas del cáncer. Corrijo, cosas de mi cáncer,  que seguramente no tiene nada que ver con el tuyo o el de alguien que conoces. A mí lo que me ha pasado es que me han retirado los corticoides y eso produce como efectos principales una enorme fatiga, debilidad, aturdimiento… y mucho sueño. Aplicado a mi vida real, me levanto, ducha, me visto, y me tengo que acostar porque tengo sueño y vestirme me deja agotado. Entonces duermo un par de horas más, hasta que se levanta el zombi para comer. Como, el careto es para verlo y me acuesto otra vez, a dormir como si volviera de una fiesta de Fin de Año. A las 17 sonará la alarma del móvil, tengo que pincharme la Heparina, ya no sé dónde ni cómo hincar la aguja para que no me  escueza como si me hubieran arrancado uno de los michelines que me sobran. El resto del tiempo, lo que queda de tarde, dependerá de lo que me quede de fuerza, que apenas será nada. Casi no salgo y lloro mucho.

Así desde hace unas seis semanas. No todos los días son tan trapo, menos mal. Con suerte puedo hacer una cosa, pero solo una. Si hago dos, la segunda será sufriendo. No sufro dolor, no es eso, es cansancio, puro cansancio, pura falta de fuerza. Necesito ayuda para casi todo. Me muevo muy lento, camino muy despacio y si puedo iré apoyado en mi acompañante. He descartado algunos recorridos porque en las calles no hay bancos, y quien no me conozca creerá que soy un cristiano devoto porque entro en todas las iglesias que me salen al paso. Siempre me puedo sentar.

No puedo cargar peso. Si me agacho un poco, a sacar algo de lavavajillas por ejemplo, me mareo y se me nubla la vista. No guardo el equilibrio para ponerme los pantalones y tienen que ayudarme a quitármelos. Apenas tengo apetito y como poco, pero no consigo quitarme unos kilos que me sobran al tener medio pulmón menos. Un día a la semana tengo que orinar en un bote, apuntar todo lo que orino y todo lo que bebo. Tomo diez medicinas diferentes cada día, además de otras cosas que llevo para el dolor. Han pasado 8 meses desde que me operaron y todavía me duele.  Tengo entumecidas parte de las manos y las plantas de los pies. Cosas de la quimioterapia, que me sigo dando cada 21 días. El pelo, ahí va… lento. Las articulaciones  doblan como si fuera un señor mayor. Tengo 51 años y me siento dependiente.

Con este plan, me estoy perdiendo muchas cosas.  El cáncer me las quita. Le pegué un buen empujón al dichoso plazo que me marcaba para volver a la radio, a trabajar. No tengo ni idea sobre cuándo podré volver, ahora sería imposible. Y cada día, cada semana, pierdo oportunidades para estar con mis hijos. Quedo a una hora para verles y tengo que llamar diciendo que no puedo levantarme. Me ha pasado varias veces. Ya lo sabes, eso es lo peor de esto. Creí que estar cerca de ellos cambiaría todo y resulta que no puedo.

Me pregunto si estoy perdiendo. Perder entendido como dejar de tener lo que tenía o lo que buscaba, no en el sentido de derrota, porque lo que tiene que ver estrictamente con mi resistencia contra el cáncer parece que va bien. De todas formas el día 15 me hacen las pruebas que señalarán si las metástasis siguen en retroceso o hay alguna mala novedad. Por tanto el miedo  ya ronda mi casa.

Terminé el tratamiento previsto por los médicos y en lugar de descansar me siento peor. Creo que es por no tener en mi día a día la quimio, radio, y consultas a mogollón que me daban la sensación de pelear. Entonces el cáncer se ha convertido en una especie de absoluto y sin hacer ruido, distraído por la propia enfermedad, me voy perdiendo cosas y alejando de personas.  Sé que no estoy perdiendo puntos en mi resistencia, que el bajonazo físico que me arrastra es metabólico y nada tiene que ver con mi cáncer. Tengo que aguantar y lo haré apoyado por los que no se han movido de mi lado: Cris, mi familia, mis amigos, mis compañeros y miles de desconocidos que me alientan. Me han dado dos premios, dentro de poco me dan otro, todos ellos me comprometen aún más con mi propósito de curarme. Sigo regalando las pulseras del #yomecuro, no las vendo para mandar dinero a ninguna fundación.

El cáncer me está dañando pero no me va a ganar. Hoy  toca volver a mostrar ese lado donde la sonrisa es una rareza. Ya me gustaría escribir otra clase de texto, pero me comprometí a contaros lo que ocurriera y a mantener el optimismo, a subrayar cada mañana el #yomecuro. Sigo convencido de ello pero tengo que pasar por esta fase que está en medio del camino hacia la superación de la enfermedad. El cáncer es una bomba. Yo voy a vivir.

 

Acerca de Valentín García

Mi nombre es Valentín García Sandoval, "Chicho". Soy periodista, dedicado a la radio, en la que llevo desde 1992, primero en RADIO SEVILLA de la CADENA SER y ahora en CANAL SUR RADIO. Nací en Madrid, pero desde los 24 años vivo en Sevilla. Soy un loco de la radio, disfruto mucho delante de un micrófono y me encanta comunicar: esa es mi obsesión. También me dedico a la presentación de eventos. Y vivo en Triana.
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