Dulces y grandes

Creo que por fin estoy aprendiendo a llorar, sin complejos y con sonrisa.

Estoy tranquilo y contento. Los médicos me han dicho que mi cáncer va muy bien para mí y mal para el cáncer. De hecho, aunque siga yendo cada tres semanas a darme mi quimio de mantenimiento, no tienen previsto hacerme una revisión hasta dentro de tres meses. ¡¡Tres meseeeeeeees!! Eso es porque todo el esfuerzo está dando resultados positivos. Me siento aliviado y  feliz. Cuando salí del hospital me metí en unos soportales para llamar y contar las buenas noticias, pero lo que hice fue, sobre todo, llorar. Me puse a llorar unas lágrimas grandes y dulces donde cabían los meses que llevo de enfermedad y varias puertas hacia la esperanza.

Días antes me dieron el Premio al Mejor Blog de Sevilla. Este blog tan personal como el nombre que lleva y donde desde hace nueve años y con un ritmo absolutamente irregular he ido contándome mis cosas. El premio es realmente por lo que he escrito en este 2018, por lo que he escrito desde que tengo cáncer. En la gala de entrega subí al escenario a recogerlo acompañado de mi hijo Valentín, casi 15 años y discapacitado intelectual. Ha sido uno de los momentos más felices de mi vida. Valentín es mi mejor premio y juntos alzamos victoriosos los brazos mientras recibíamos un aplauso enorme, cariñoso, largo, sincero. Más de mil personas nos estaban aplaudiendo a los dos. En cuanto pude, me puse a llorar, con unas lágrimas grandes y dulces donde cabían el orgullo mutuo al cruzar nuestras miradas, la alegría, el reconocimiento y la reivindicación. https://www.youtube.com/watch?v=TP9Oc6bDlv8

Sólo dos días después y con motivo de este premio me entrevistaron en Radio Sevilla de la Cadena SER. Allí trabajé nueve años y tengo buenísimos amigos que me quieren bien. La entrevista llevaba la sorpresa de meter en antena, vía telefónica, a mi hijo para que comentara su experiencia recogiendo premio. Valentín no estuvo precisamente locuaz, en la radio siempre pasa esto con los niños.  La sorpresa fue doble, ya que después terminar su breve intervención, no quedó satisfecho, de modo que llamó él a la radio porque quería decir más cosas, y las dijo, vaya que si las dijo: «Eres el mejor papá del mundo, eres un campeón y te quiero mucho».  Me puse a llorar, con unas lágrimas grandes y dulces donde cabía uno de los momentos más felices que me han pasado en 26 años tras un micrófono.  https://www.youtube.com/watch?v=gAS0N1jC8Sw&feature=youtu.be

Todos los días se me cruza un motivo para llorar lágrimas grandes y dulces. Tengo mensajes de wasap preciosos (sobre todo de mis hermanos) que me aferran a la vida, o fotos que me envían mis amigos en las que se ve que cuando están montando el Belén de sus casas, lo adornan con la cinta de #yomecuro, o esa misma cinta -la pulsera-, en el talón del paso más Poderoso de Sevilla (gracias Carlos). Tengo llamadas en las que intento disimular que mi voz se quiebra, hasta tengo una bandeja de rosquillas maravillosas regalo de mis vecinas…rosquillas dulces como mis lágrimas.

Y la gente, la conocida y tanta desconocida… Lo de Twitter merece una entrada aparte otro día en este blog, y es que a la estela del #yomecuro, donde estoy contando mi cáncer, la siguen ya en esta red social más de 10.000 personas que me dejan a diario apoyos, deseos, fotos, reflexiones y testimonios que me emocionan y me hacen llorar.   (Por ejemplo: «No te conozco, ni te sigo, pero ahora lo haré, aunque sólo sea para leer lo que escribes día tras día, ánimo no me falles. Estamos aquí para ayudarte en lo que necesites. Animo!!!!!!»)   Se está produciendo una conexión muy potente y auténtica, una comunicación de largo recorrido que me hace muy feliz y relaja mis anhelos de volver cuanto antes a trabajar a la radio

En todas estas ocasiones lloro y sonrío al mismo tiempo porque son emociones felices que ahora me llegan más directas y visibles, desarmado por la debilidad y a la vista por la nueva forma de mirar la vida. También hay veces que las lágrimas no son dulces… Son las del cansancio y la debilidad, las de dolor, las de la impaciencia y la frustración, las de la torpeza de movimientos, las del miedo… Todas ellas son enjugadas por Cris, esos malos ratos se los ha echado a la espalda sin permitirle siquiera llorar sus propias penas.

Nunca pensé que iba a llorar tan a menudo, y menos estas lágrimas de felicidad que el cáncer me está regalando. Quizá sea porque está a punto de cumplir un año…

 

 

Acerca de Valentín García

Mi nombre es Valentín García Sandoval, "Chicho". Soy periodista, dedicado a la radio, en la que llevo desde 1992, primero en RADIO SEVILLA de la CADENA SER y ahora en CANAL SUR RADIO. Nací en Madrid, pero desde los 24 años vivo en Sevilla. Soy un loco de la radio, disfruto mucho delante de un micrófono y me encanta comunicar: esa es mi obsesión. También me dedico a la presentación de eventos. Y vivo en Triana.
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