Buenas noches, papá

Puede que sienta más cerca la vida, puede. Puede que sea que la tengo más viva, y que en estos días de frío se haya alejado la muerte a buscar otro calor. Puede ser que me guste tanto vivir, tanto-tanto, que me enoja y entristece que mi cuerpo no me permita saltar de una sonrisa a otra, ni caminar rápido entre decenas de amigos, ni correr detrás de las ilusiones que hace unos meses no quería albergar.

Puede que me den miedo las esperanzas, mirar el  calendario hacia los meses de abajo, la llegada de la primavera y hasta mi Feria de Abril. Puede que mire a mi pelo temiendo que crezca y  que me asuste en ocasiones al escuchar, otra vez tronando, mi propia voz. Puede que me dé pavor no llegar al bautizo de mi ahijado Valentín. Puede que no sea cansancio lo que me acuesta sino recelo a salir a disfrutar del sol. Puede ser.

Puede que cada sesión de quimio sea un clavo al que me agarro, que encuentre confortable el Hospital y que cada pastilla que tomo sea como una dosis de «todo sigue igual». Y es que puede ser, puede, que sentirme mejor me esté llenando de incertidumbres y esté barnizando con laca de miedos todas las ilusiones que el cáncer me quitó hace ya más de un año.

Es miedo a encontrarme bien por si más adelante vuelvo a encontrarme fatal, miedo a creer que me estoy curando, miedo a olvidar que dentro de cuatro semanas un TAC y una Resonancia Magnética serán un tribunal inapelable que dicte cómo están mis metástasis, y si pintan bastos, tendré que volver a parar. Ya no quiero parar pero tengo miedo a todo aquello que me espera si voy a poder seguir.

Qué paradoja… He sido capaz de encajar el peor de los miedos, el miedo a la muerte, y ahora me turba una posible vuelta a mi vida porque no sería capaz de resistir un diagnóstico malo cuando ya me haya instalado de nuevo en la ilusión. Me deslumbra tanto la vida que, convertida ya para mí  en una suerte frágil, tiemblo al ser consciente de que se puede apagar. Porque en este tiempo he visto morir o empeorar a personas como yo, mejores, mucho mejores que yo.

Ese es hoy mi miedo, pero desde hace días mi hija Julia me manda antes de acostarse un mensaje de audio diciendo «buenas noches, papá»  y saca, potente e intacta,  la fuerza que me determinó a acuñar mi lema y ya el de tantos: #yomecuro. Es un resorte que me impulsa,  arrasa con la posibilidad de  instalarme en ese miedo y sin elección me lleva a levantar la vista, a pronunciar de nuevo la palabra «futuro», a querer escuchar esta voz mía por la radio, a ser más valiente y a volver a besar -como ya os dije- el aire que respiramos.

Nada en la vida, y tampoco el cáncer, es blanco o negro, o par o impar. La vida es compleja y claro, el cáncer también. Quizá yo lo tenga más fácil porque yo sé, estoy seguro, que yo me curo.

PD: La ilustración es de @CCornejo21, my girl.

Acerca de Valentín García

Mi nombre es Valentín García Sandoval, "Chicho". Soy periodista, dedicado a la radio, en la que llevo desde 1992, primero en RADIO SEVILLA de la CADENA SER y ahora en CANAL SUR RADIO. Nací en Madrid, pero desde los 24 años vivo en Sevilla. Soy un loco de la radio, disfruto mucho delante de un micrófono y me encanta comunicar: esa es mi obsesión. También me dedico a la presentación de eventos. Y vivo en Triana.
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