Los pies en el susto

El cáncer me ha recordado estos días que es él quien pone las reglas. El cáncer tiene el tapete verde, las cartas, los dados, las fichas, el cáncer dice lo que vale y lo que no vale, y el cáncer, sobre todo, no permite las trampas. Ninguna condescendencia con quienes involuntariamente nos hemos sentado a echar una partida con la enfermedad.

¿Una obviedad? Seguramente, pero como  llevo mucho tiempo resistiendo y las cosas van bien, había olvidado un poco que el cáncer vino a éste mi cuerpo para hacer de las suyas, es decir, crear tumores malignos. Me había instalado en la inercia del optimismo, en contagiarlo a otros, en un tratamiento casi rutinario, en recuperar la mayor cuota posible de mi vida antes del cáncer, en vivir una nueva normalidad, en saborear todo aquello que ahora veo… Y todo eso está muy bien, creo que es estupendo, pero para que sea realmente bueno y eficaz es necesario tener presente que yo no tengo todo el mando.

Ocurre que hace tres semanas empecé a sufrir unos terribles dolores de cabeza, de media cabeza, como si me fueran a arrancar el ojo izquierdo. Dolores cada vez más frecuentes e intensos. Por una extraña razón que ni yo mismo soy capaz de justificar creí que su origen estaba en una contractura muscular en el cuello, en lugar de pensar que podían tener relación con la metástasis que tengo en el cerebro, en la hipófisis concretamente. No informé a mis oncólogos y en su lugar pasé por la consulta del fisio. No me extiendo en detalles, pero hasta que el fisio, con total acierto, no me dijo que tamaño dolor no podía estar vinculado a la supuesta contractura, hasta que no me dijo que debía ir al médico, no lo hice. Y eso que desde hacía días algunos me lo estaban diciendo. En cuanto informé, cita corriendo para hacerme una Resonancia en la cabeza. ¿Qué estaría ahora haciendo el cáncer en mi cerebro? ¿Una nueva metástasis en otra parte? En menos de 24 horas tenía los primeros resultados y eran, en principio, preocupantes. No había metástasis nuevas (buena cosa) pero el nódulo cancerígeno de la hipófisis había crecido. Si en las dos revisiones anteriores había disminuído, ahora el signo cambiaba. Chungo pa mí. Temor. Elucubraciones. Preocupación. Expectación. Horas que han sido eternas hasta que esta misma mañana, antes de mi sesión de quimio, el oncólogo me explica que lo han analizado con detenimiento y que el ajmento es poco significativo, que no cambiamos el tratamiento y que por ahora unicamente incrementamos la frecuecia de las revisiones. Alivio enorme pero…

Pero me ha dado un toque de atención. Si me duele algo, al oncólogo. Mi médico de cabecera es el oncólogo. Claro que sí, porque aunque es magnífico afrontar el cáncer como yo lo hago, hay que tener los pies en el suelo, ese suelo al que no quiero caer. Porque en un cáncer como el mío vendrán problemas, recaídas, esto es así, el cáncer es así. Y hay que estar preparado, primero para poder actuar a tiempo y segundo para evitar un bajonazo psicológico. El cáncer puede matarme, no es seguro y además tengo opciones, pero mata. El cáncer hace sufrir.

Hago por tanto hoy un ejercicio de humildad. Yo no sé nada. Lo saben los médicos. Yo no puedo interpretar nada, lo hacen ellos. Optimismo sí, buen ánimo, pero sin olvidar cómo es el cáncer.

Una médico me ha dicho hoy, al salir de la consulta: «Valentín, es que vamos a por todas. Vamos a que vivas». He repasado estas dos frases palabra por palabra, de principio a final y de final a principio. Le encuentro varios sentidos, diferentes mensajes, todos contundentes. Trabajan para que yo viva, para que pueda seguir resistiendo y mejorando este «mientras» que es la vida de los pacientes de cáncer. Para que sea un «mientras» largo y feliz.

Acerca de Valentín García

Mi nombre es Valentín García Sandoval, "Chicho". Soy periodista, dedicado a la radio, en la que llevo desde 1992, primero en RADIO SEVILLA de la CADENA SER y ahora en CANAL SUR RADIO. Nací en Madrid, pero desde los 24 años vivo en Sevilla. Soy un loco de la radio, disfruto mucho delante de un micrófono y me encanta comunicar: esa es mi obsesión. También me dedico a la presentación de eventos. Y vivo en Triana.
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