La Oncolumna, 21 junio 2019

Una de las cosas que me ha traído el cáncer es la permanente incertidumbre. La inquietud  principal es evidente: ¿Cuánto tiempo me queda por delante? Esa pregunta, lo sé, es común a todas las personas, pero supongo que los pacientes de cáncer nos la hacemos con más frecuencia. A mí sin embargo esa cuestión no me provoca especial desasosiego. Llevo peor las otras incertidumbres, las que nacen del ritmo y de los hitos de la propia enfermedad.

Hoy, mientras escribo esta ‘Oncolumna’, estoy en una de esas incertidumbres, quizá la peor de todas: la incertidumbre de una revisión. Ese momento en el que tras unas pruebas médicas nada agradables, te dicen si las cosas van bien, mal o regular. Si tu cáncer ha crecido, ha disminuido, se ha quedado como estaba o si han salido nuevas posibles metástasis. Un momentazo que me toca mañana. Día D en el oncocalendario.

Me pregunto si llegará el momento en el que no me ponga nervioso. A mí me encanta vivir por encima de todas las cosas y ahora me he amoldado a mis quimios cada tres semanas -que pasan volando-, a sentirme muy flojo muchos días y he aceptado con deportividad limitaciones físicas que tendrían que haberme llegado dentro de diez años. Es como si me valiera un «todo sigue igual» frente al riesgo de perder la vida que tengo. A esto se le llama, directamente, miedo, y defiendo este miedo que siento como uno de los más fuertes resortes para seguir resistiendo porque me hace ser consciente de la suerte que tengo por haber llegado hasta aquí y por tener a mi alcance una sanidad que puede sacarme adelante.

Pasan por mi cabeza los diferentes escenarios. No puedo evitar ponerme en lo peor e imagino el rostro casi doliente de mi médico. Me doy cuenta de que me da una enorme pereza volver a un tratamiento que me ate a diario al hospital. Tiemblo al pensar en el regreso a las quimios fuertes con su gélido sabor a cisplatino, la vuelta a las incómodas sesiones de radioterapia y sus efectos inesperados, no quiero tener que dar noticias malas… Tengo miedo.

Claro, que también podría ser que el TAC y la resonancia magnética destapen sólo un pequeño contratiempo que no merezca una preocupación mayor. Y por supuesto, también puede ser que salga todo modo del carajo de la vela y me digan que el cáncer va en retroceso.

Me apunto a esto último, claro, pero si no es así, si aparecen problemas nuevos, pondremos soluciones nuevas, con ilusiones nuevas, con la fuerza que sea capaz de esgrimir y sobre todo, con todos esos apoyos -pegados, próximos y lejanos- que me muestran la grandeza de estar vivo.

Reconozco que esta víspera es dificililla. El #yomecuro es también #avecestengomiedo. Es admitir que el cáncer impone sus reglas, es aprender que no es justo, que no distingue ni tiene piedad y sin embargo… Es vencible. Te tengo miedo a ti, bicho, pero no a la muerte. Y como en la lucha contra el cáncer no hay leyes, como no se cumple la relación causa-efecto, uno que es de letras se sale por la tangente y dice… Soy andaluz, donde las palabras hermosas se conjuran para componer mensajes de amor como este: “Yo quiero enviarte un mensaje largo y suave para que puedas tumbarte sobre él a descansar. Y un mensaje corto que al abrirlo suenen los pajarillos del nido de tu casa. Quiero mandarte un mensaje de colores, para que te pongas a pintar los más raros dibujos que haya visto un hombre. Quiero mandarte un mensaje finito y muy corto, un papel de fumar que llevaré a tus labios para que escribas un beso en mayúsculas…”.

Quizá mañana salga de la consulta cantando palabras de amor. Entonces habrá dado igual lo que ocurriera dentro, porque habré ganado.

Acerca de Valentín García

Mi nombre es Valentín García Sandoval, "Chicho". Soy periodista, dedicado a la radio, en la que llevo desde 1992, primero en RADIO SEVILLA de la CADENA SER y ahora en CANAL SUR RADIO. Nací en Madrid, pero desde los 24 años vivo en Sevilla. Soy un loco de la radio, disfruto mucho delante de un micrófono y me encanta comunicar: esa es mi obsesión. También me dedico a la presentación de eventos. Y vivo en Triana.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.