Día no día

Hay días que, si te vienen así, no deberían existir. Que los demás los disfruten, que se rían y bailen, pero si tú no puedes estar, que te lo quiten del calendario.
Que sea un día de otro mes y no de éste, en un lugar lejano y no a tu lado, que su ruido no te suene, que su color no te deslumbre y que su aire sople donde su día sea tu noche.
Porque esos días tienen sus marcas sus ritos, sus espacios, tejidos entre familias, amigos, vecinos, compañeros… Y un alguien.
Y en esta tierra mía, tierra de vísperas, el recorrido hasta el día en cuestión es un camino que se hace sonriendo, se anticipa y se pregona, empieza a tener sabor tiempo atrás y es, por cierto, el sabor más rico.
Por tanto, esos días no tienen término medio y o son, o no lo son. Hoy es uno de ellos y para mí no lo es. Tengo al lado de casa las puertas del cielo y una entrada, pero no voy. Bailaré la sintonía de Anatomía de Grey, alzaré el vaso de Espidifén y me apoyaré en la barra de al almohada para pedir un plato de sueños.
Que me pongan una de salir de casa en la Vespa , otra de dar un beso bajo 200.000 bombillas, otra de ver iluminada a la mujer más bella, para ir terminando quiero una de bailar con los ojos clavados pensando en volver a casa, y de postre, poner en sus hombros mi chaqueta con el clavel rojo que me colocó con sus dedos largos al entrar. No me cobre mucho, que el precio de este sueño es alto, que pago mucho por las mentiras que me creo y por los días que no tendrían que existir. Y se me agota el fondo.

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Dia Internacional del beso

Iba a escribir sobre besos,
pero no puedo,
porque de entre esos besos
miles que he dado, uno.
Solo uno.

Por eso es sobre un beso si escribo,
y no sobre los besos
largos, tan cortos,
tan primeros, tan últimos,
tan baratos, tan caros.
Ese beso, como beso
no era un gran beso.

Era medio dado y medio robado,
mitad accidente y mitad deliberado,
que no era un beso entero,
que no se mordían los labios,
que las lenguas no salían
ni los ojos se entornaron,
un beso que no era de frente
sino  más bien beso de lado.

Y besaba rapidito,
evitando ser pillado,
y entonces en un instante,
los finales de los labios,
el final dos sonrisas,
donde el labio se ha acabado,
ahí se tocaban las bocas,
que más sería pecado,
y yo me iba andandito
con el corazón desbocado.
Vaya beso…

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Lost

En un pasillo a oscuras.
Bucear sin gafas.
Sin gafas de sol al sol.
Con auriculares en el tren.
Recién llegado al aeropuerto de Tokyo.
Estrenar sistema operativo.
Buscar el baño en El Corte Inglés.
Pinchar en la carretera.
Ser nuevo.
Olvidar el camino de vuelta.
Tocar un arma.
La nevera un lunes.
Whisky en lugar de Ron.
Parado en un ascensor bloqueado.
Elegir una camisa.
Sin voz.
Un domingo entero.

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(II) IMAGINADA RESPUESTA DE LA NUEVA NOVIA

Querida Tina, pues sí que he sentido cierta vergüenza al leer esta carta abierta, tan abierta que la publicas en un periódico, donde dices que no me vas a enseñar a tratar a tu ex ni me vas a dar normas para tratar a tus hijos, donde me das la bienvenida a esa familia moderna. Ya.
Pues mira, querida Tina, he releído tu carta varias veces, escrita en un tono de buen rollo que no es extraño que se haya extendido tanto en las redes sociales, y no me ha gustado un pelo.
Para empezar, porque tú y yo no somos de la misma familia. No compartimos un hombre, mi novio ya no es tu marido y seguramente no sea el mismo hombre que era cuando estaba a tu lado. No compartimos a tus hijos. Tus hijos son tuyos y de su padre, no son mis hijos (de hecho espero tener hijos propios con tu ex.) A tus hijos les querré, les apoyaré, pero no esperes que haga lo que tú, y solo tú, puedes hacer.
Me pides que sea yo misma, sin sentirme amenazada o intimidada por nosotros. “Nosotros” ¿Quiénes son “nosotros”? ¿Acaso yo soy “la otra”? Para ello tendré que ser lo suficientemente buena, que, evidentemente, es un listón que pones tú. Y no, querida Tina, tú pones los listones en tu casa y en tu vida y yo los pongo en la mía. ¿Debo hacer algo si tus hijos y tu no me parecéis lo suficientemente buenos? Y esperas de mi fallos y rarezas porque tú debes ser perfecta y normal.
Tu carta suena a que me das permiso, me perdonas la vida y quieres que no haya ningún problema. Querida, eso es difícil. Tu ex me ha contado sus razones para terminar vuestra relación, y aunque no las doy por totalmente ciertas y objetivas, son las que tengo que manejar; muchas de ellas no me invitan precisamente a irme de compras contigo.
Probablemente tendremos que vernos con regularidad. O no. Das por supuesto que me sentiré rara al principio, y me pregunto porqué la rara no vas a ser tú. Seguramente no te guste cómo va vestido mi novio y mí no me guste cómo vistes a tus hijos, y comprobaremos que nuestras neveras no se parecen en nada. Pasaremos de puntillas por esas conversaciones y descuida, no me meteré cuando habléis de los niños. De hecho me fastidia que en esta carta tuya confíes en que lo haré si es “apropiado”. Doy por hecho que sólo hablaréis de los hijos, porque lo demás, su ocio, su trabajo, sus alegrías y tristezas ya no las comparte contigo sino conmigo. Yo soy el presente, tú eres el pasado, que es muy importante y respetaré hasta el infinito, pero ese pasado ya no hace vida.
En definitiva, querida Tina, que soy yo quien te da la bienvenida.

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(I) “CARTA ABIERTA A LA NUEVA NOVIA DE MI EXMARIDO”

SE TITULA “CARTA ABIERTA A LA NUEVA NOVIA DE MI EXMARIDO”, PUBLICADA POR Tina Plantamura EN EL HUFFINGTON POST. Y DICE ASI:

Seguro que te da vergüenza al leerlo. Pensarás que voy a enseñarte cómo tratar a tu nuevo novio. Pensarás que voy a soltarte unas cuantas normas sobre cómo tratar a mis hijos.
Pero mi carta no va sobre eso en absoluto.
Me gustaría darte la bienvenida.
Bienvenida a esta dinámica única de familia moderna. Bienvenida a la forma en que llevamos esta vida y esta relación. Sí, he dicho relación, pero no en su definición estándar.
Los niños hacen que mantengamos una relación más o menos como el trabajo hace que mantengas una relación con tu jefe. Si el éxito es el objetivo, ya sea en el trabajo o en la crianza, la relación entre los que se esfuerzan por ello es importante. No llenaré esta carta de consejos sobre cómo tratar a un hombre al que conozco desde los 20 años. No es mi problema. No te diré nada personal sobre él; todo lo que él decida compartir queda entre vosotros. No voy a contarte por qué las cosas no funcionaron entre nosotros. Lo único que te diré sobre nosotros es lo que le digo a todo el mundo:
Es un gran tipo… pero no para mí.
Puede que suene raro, pero me alegro mucho por lo vuestro. Mis hijos verán una parte de su padre que ni siquiera saben que se habían perdido. Experimentarán el tipo de felicidad que florece de la emoción, la alegría y el misterio que acompañan a una nueva relación. Verán a su padre radiante de esperanza. Le oirán reírse (mucho y muy alto) y hablar con un nuevo encanto en la voz. Y como le quieren y le admiran, todo esto también les hará felices.
Quiero que sepas que es muy importante que seas tú misma. Por favor, no te sientas amenazada, intimidada o fuera de lugar con nosotros. Al igual que tú, estamos tratando de adaptarnos a la novedad de tu presencia en nuestras vidas. Confiamos en que, si eres lo suficientemente buena para él, seas lo suficientemente buena para nosotros. Esperamos que tengas rarezas, fallos y cosas únicas que nos sorprendan de vez en cuando.
Y no queremos que cambies nada.
No sientas que no puedes hablar conmigo, con mi (nuevo) marido o con alguno de los niños. Di lo que quieras. O no digas nada. Por favor, sé tú misma.
Nos verás (sobre todo a los niños, pero también a mi marido y a mí) bastante a menudo. Te sentarás con nosotros en conciertos, partidos, graduaciones y otros muchos eventos. Puede que te sientas rara al principio, pero espero que esto cambie pronto. Aunque los niños saben de sobra que su padre y yo estamos más que divorciados, deben saber que estamos unidos para respaldarlos, y ésta es una de las muchas formas en que les daremos ese apoyo incuestionable.
Quiero que cuando miren al público desde el escenario nos vean a todos juntos observándolos con orgullo y emoción. Muchos de mis amigos me han preguntado si no me resulta raro sentarme entre su padre y su padrastro. He hecho cosas más raras por aplaudir, animar, enseñar y formar a mis hijos, como cantar canciones ridículas sobre orinales, que es lo primero que me viene a la cabeza. Pero no me cuesta. Te pido que te unas a nosotros (cuando estés preparada) y que pases a ser parte de este frente unido que les brinda apoyo incondicional.
Puede que te sorprendan las conversaciones que mantenemos su padre y yo. Por favor, entiende que necesitamos comunicarnos para sacar adelante la empresa de criar a unos seres humanos maravillosos. A veces necesitamos hacerlo con frecuencia. Y, junto con la confianza que mencionaba antes, está la confianza de que sabrás cuándo es apropiado meterte en la conversación. Si alguna vez te sientes incómoda o insignificante en esas ocasiones, mira el panorama general y recuerda que nuestra comunicación aparte del tema de nuestros hijos es casi inexistente.
Él nunca me pedirá consejo sobre moda. ¡Y me alegro, porque yo no tengo ni idea!
No me llamará para comentar una serie de televisión.
No me llamará para quejarse del día duro que ha tenido en el trabajo.
Nuestra relación gira en torno a estos tres niños. Aunque puede que salgan otros temas si ocupamos el mismo espacio durante un algo período de tiempo, ten en cuenta que mi papel en su vida se limita a madre de sus hijos.
Nada más.
Confío en ti y te aprecio por embarcarte en una relación con el padre de unos adolescentes. Esto también es nuevo para ellos y no tienen ni idea de qué hacer o decir. Son adolescentes con su propia vida, esperanzas, sueños y propósitos… y quizá no siempre den lo mejor de sí. Te pido que, a medida que estés más presente en sus vidas, llegues a conocerlos de forma individual.
Mi esperanza es que cuando pase el tiempo y estés más familiarizada con ellos llegues a tener una relación única con cada uno de mis hijos. Esto requerirá un trabajo y esfuerzo deliberado. Y a veces no será fácil, como todo lo que merece la pena.
Espero que esta carta no te asuste. Imagino que entiendes que no te pude decir todo esto cuando nos conocimos por primera vez, en esa situación incómoda en la que ni siquiera sabía si debía estrecharte la mano o no.
Atentamente, te doy la bienvenida.
Tina

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Magia real

Descubrí que los Reyes Magos existían cuando al levantarme vi que había una mesa de ping-pong en el salón de casa. No cabía por ningún sitio, así que si estaba allí era por arte de magia, magia de Reyes de Oriente. No era explicable esa mesa enorme en medio de la casa y que no hubiera sentido ruido alguno. Así que desde entonces, y tendría yo 8 años, creo que los Reyes Magos son reales y nunca más he dudado de la magia del 6 de enero.
Cuando supe quién se encargaba aquí de dejar en mi zapato lo que había escrito en mi carta, no cambié de opinión: Los Reyes Magos son de verdad.
Pasaron los años y un día mis hijos me hicieron Rey Mago. Descubrí que esa locura estaba creada con una magia tan grande que casi minimizaba mis recuerdos infantiles. La ilusión de dar multiplicaba la de recibir. Por eso, un una ocasión, solo en una ocasión no muy lejana, viví un día de Reyes como el de la mesa de ping-pong. Yo, Rey Mago, regalaba todo lo que quería a quien yo quería. Nunca olvidaré ese día que tengo que olvidar.
Este 6 de enero ha tenido otro signo. Entre recuerdos colgados del cuello he construido un día en el que finalmente llegó la magia. No falla.

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Del frío

Termina el año haciendo frío, acortando aún más las tardes y dejando las noches hostiles para salir a mirar estrellas o aullar.
Termina helando un año frío, de hombros pegados al cuello y el rostro afilado. De manos vacías en los bolsillos, de caminar aprisa  con pasos cortos y largos, de no querer esquinas.
El frío de las cocinas, de los hornos y las nerveras, de las colas del paro, de las empresas vacías, de las miradas de los que han de mirar.
El frío de la pobreza, de la vejez, de los policías y el frío de todos esos ladrones, leyes frías.
Frío en la primavera parda, frío en mi mar ausente, frío en las bebidas frías, frío de otoño eterno.
Frío al entrar en casa, frío en el baño, frío en el tren, comprando el pan o viendo la tele. Frío los sábados, como lunes, frío en el calendario, en el teléfono, frío en las fotos, en las caricias y en los besos dados para no hablar.
Helado sin buenas noches, congelado en la estupefacción, tiritando las entrañas.
Sólo frío.
Frío solo.

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Oteando la Navidad

Veo las luces de Navidad en la calle, este año en casa no toca árbol, bolas ni espumillón. En la calle y en la tele, lamentando que un solo personaje (Santa Claus) genere mucho más cine que tres personajes (Melchor, Gaspar y Baltasar). Será porque Papá Noel no tiene historia y por tanto no tiene servidumbres, es más facil enredarlo en las películas con las que nos sirven los kilos del llamado Espiritu Navideño. Admitamos que en torno a los Magos de Oriente la historia es mucho más tétrica: recorren un desierto buscando un pesebre donde ha nacido un niño pobre que se supone ha de liberar al pueblo judío, y que puestos a suponer es hijo de un Dios furioso, vengativo, reoncoroso y contundente. Además todos sabemos que al final al niño lo crucifican, mientras que en torno a Papá  Noel  nunca hay muerte alguna. En definitiva, que para crear historias hermosas hay un favorito. El lugar de nacimiento de Jesús sigue siendo una tierra yerma donde hablan a tiros y Papá Noel procede de una zona del mundo de hermosas nevadas, mucho petróleo y unos sistemas educativos cojonudos.

Esta reflexión tan ligera refleja la distancia con la que este año observo y vivo la navidad. No me va a calar aunque la viva,  aunque saque algunos ratos buenos, como siempre, en encuentros que estos días propician.  Y ni a Papá Noel ni a los Reyes magos les voy a escribir carta, porque sería en esta ocasión una carta de reclamaciones.

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AJUSTE DE CUENTAS

Probablemente Francisco Javier Romero Taboada, “Jimmy”, fuera el único español que a sus 43 años, con dos hijos, le apetecía meterse en un autobús desde La Coruña hasta Madrid para ir a partirse la cara con hinchas del Atlético de Madrid. Al resto de los españoles se les ocurren otras cosas para hacer con su tiempo y su cuerpo durante un fin de semana, aunque admitamos que ellos tanbién se castigan el body corriendo para dejar la marca en el Runtastic y en ocasiones descargan adrenalina si alguien se come un ceda el paso. No todos los españoles dedican el fin de semana a la familia, a leer poesía, a plantar árboles o a colaborar con una ONG, no. Más bien se dedican (me inlcuyo) a perder el tiempo, pero no es lo mismo que perder la vida.

Cuando Francisco Javier Romero Taboada, “Jimmy” llegara a Madrid no venía a tomar una “relaxing cup of coffe”; venía a repartir leches a otros como él, pero con camiseta rojiblanca. Sus enemigos se llamarían, es un poner,  “El loco”, “El Cadenas”, “Toni el Toro” o “Paco el Muerdecuellos”. Como “Jimmy”, pero de Madrid, sólo que más frescos porque no se habian pasado la noche en un bus. Los del Manzanares recibían, intentando recibir los menos palos posibles.

Si hubiera tenido la oportunidad, le hubiera pedido a Jimmy que me escribiera medio folio con los motivos que le llevaban a buscar a los del Atleti para arrancarse la piel a ostias. Solo medio folio. Depués, le pediría que leyera en alto lo escrito (¿habria conseguido medio folio? en un bar normal y corriente, de los que tienen la tele colgada y donde se juntan a ver los partidos aficionados de equipos distintos que pagan las cañas a escote. Es decir, que expusiera esas tremendas afrentas que solo la muerte puede restañar, esas rezones que le desplazaron hasta Madrid en busca de venganza delante de quienes tienen que dedicar su tiempo y energia a tirar para adelante. El solito, sin ninguno de sus colegas al lado para darle apoyo.

Imagino que Jimmy, o quiero pensarlo así, se habría sentido como un marciano. Un violento marciano. No creo que los parroquianos del bar se molestaran demasiado en intentar convencerle para que se dejara de puños y palos, en que el fútbol no es para eso, y que lo bueno es picarse un poco y luego sanseacabó.

Nada de eso ha ocurrido. Jimmy venía a lo que venía y lo han matado. Podía haber sido él quien matara a uno del Atleti, al “Cadenas” por ejemplo, pero le ha tocado a él. En realidad creo que Jimmy es un muerto que se parece mucho a los que le han matado.

Si esta muerte se debiera a un ajuste de cuentas entre narcos, ocuparía poco espacio en los medios y poco esfuerzo a la policía. Y yo no consigo verlo de otro modo, un simple y claro ajuste de cuentas, absurdo, terrible, vacío. Y Jimmy, 43 años, dos hijos, no lo va a contar.

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Caja de ganas

Lo peor serían las tres primeras frases pero como él había marcado las reglas del encuentro siempre tendría el silencio como salida.

“Es sólo un minuto -le diría- y no espero respuesta, sé que nada de lo que digas me va a gustar.

Pensó cinco frases bien elaboradas, cargadas, directas, sencillas, efectistas e impactantes.  Las repitió en su cabeza intentando que quedaran fijadas como aquella mirada que en su día se le clavó.

Respiró hondo mirando el reloj y dijo: “Gerardo, ponme otra”. Después se le hizo tarde y marchó a casa a guardar en su caja las frases de esa noche.

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